Misas Perpetuas

Un acto de amor que permanece para siempre

Hay regalos que el tiempo borra y homenajes que terminan olvidándose. Sin embargo, existe un acto de amor que trasciende los años y alcanza la eternidad: ofrecer la Santa Misa por el alma de un ser querido.

La Iglesia siempre ha considerado la celebración de la Eucaristía como la ayuda más valiosa que podemos ofrecer a nuestros difuntos. Al presentar sus nombres sobre el altar, pedimos a Dios, rico en misericordia, que complete su purificación y los lleve a contemplar para siempre la alegría de su presencia.

Hoy todavía podemos rezar por nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros hermanos o nuestros amigos. Podemos ofrecer por ellos el Santo Rosario, nuestros sacrificios cotidianos y, de manera especial, la Santa Misa. Es una expresión de gratitud por todo el amor que recibimos de ellos y una forma concreta de seguir cuidándolos, incluso después de su partida.

Pero conviene hacerse una pregunta que todos, tarde o temprano, tendremos que afrontar:

Cuando nosotros ya no estemos, ¿quién seguirá rezando por nuestros seres queridos? ¿Quién pedirá Misas por nuestra propia alma?

Con el paso de las generaciones, muchas familias pierden la costumbre de encomendar a sus difuntos. Los nombres que un día fueron pronunciados con lágrimas y cariño terminan desapareciendo de la memoria de quienes vienen detrás. Sin embargo, para Dios ninguna persona deja de ser digna de amor ni de oración.

Por eso, inscribir a un ser querido en las Misas Perpetuas es mucho más que cumplir una tradición. Es tomar hoy una decisión de amor que seguirá dando fruto mañana. Es asegurar que su nombre continuará siendo recordado en el Santo Sacrificio de la Misa cuando quizá ya no quede nadie de la familia que pueda hacerlo.

Los grandes maestros de la vida espiritual han recordado siempre que rezar por las almas de los difuntos es una de las obras de misericordia más hermosas que un cristiano puede realizar. Cada oración, cada Misa y cada sacrificio ofrecido por ellas es un acto de confianza en la infinita misericordia de Dios.

Y la tradición de la Iglesia nos invita también a confiar en la comunión de los santos: quienes reciben nuestra caridad espiritual no olvidan a quienes rezaron por ellos y, una vez en la presencia de Dios, interceden por quienes los acompañaron con fidelidad, especialmente en las dificultades de la vida y en la hora de nuestro encuentro definitivo con el Señor.

Inscribir a un ser querido en las Misas Perpetuas es dejar una huella de amor que no desaparece con el tiempo. Es ofrecer un recuerdo que nunca caduca, una oración que nunca se interrumpe y una esperanza que permanece para toda la eternidad.


Cuando encargas las misas perpetuas, el nombre o los nombres de las personas que indiques, se inscribirán, junto con tus intenciones por sus almas, en el libro de la Alianza de Misas Perpetuas Misioneras.

Todos los miembros de la Alianza Misionera de Misas, serán recordados PERPETUAMENTE en siete Santas Misas celebradas diariamente por todos los inscritos en la Alianza de Misas Perpetuas Misioneras y presentes en todas las oraciones de los Misioneros del Verbo Divino.


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